SAN JOSÉ

MANYANET

Profeta de la Familia
 

Oración a San José Manyanet

 

Dios y Padre nuestro,

que has otorgado a San José Manyanet

el don de encarnar las virtudes de la familia humana de tu Hijo,
y con la gracia del Espíritu Santo
le has llamado a vivir y anunciar,
con la palabra y el testimonio,
el evangelio de la familia, proclamado desde Nazaret;
concédenos, por su intercesión,
la gracia de vivirlo en nuestros hogares.

 

Por Jesucristo Nuestro Señor,
Amén.

El siglo XIX en España

 

El acontecer de la vida y obra de José Manyanet y Vives se desarrolla en esa época, particularmente agitada y difícil de nuestra historia contemporánea. Las interminables guerras dinásticas, los repetidos golpes de estado y las acciones revolucionarias convierten la inestabilidad política y la anarquía en males casi endémicos.

Por otra parte, las estructuras básicas económicas y sociales de la vida del país experimentan un cambio radical a consecuencia de la reforma agraria, la industrialización, el crecimiento de los núcleos urbanos y la aparición del proletariado. La crisis se extiende también al campo religioso: las sociedades secretas, el clima adverso hacia la religión y el clero que reina en las altas esferas estatales, la desamortización  y la supresión de las órdenes religiosas y la persecución abierta llega, a veces, a una violencia extremada e incluso cruenta.

La crisis generalizada repercute especialmente sobre estos dos campos: la familia y la escuela, repercusión que los papas Pío IX y León XIII denuncian en un nivel más alto. La devoción a la Sagrada Familia de Nazaret tomará auge precisamente en este contexto como remedio para estos males.

Entre la Famila, la Parroquia y la Escuela

José Manyanet y Vives nace en Tremp (Lleida, España) el 7 de enero de 1833 y es bautizado el mismo día. Sus padres, Antonio y Buenaventura, han tenido ya otros 8 hijos. Es, pues, el benjamín de una familia numerosa y rica en experiencias domésticas. Su padre fallece en 1834, cuando José tenía apenas 20 meses, y varios de sus hermanos mueren antes de llegar a uso de razón.

La familia tiene su vivencia en la calle Peresall, número 6, y esta, por la parte posterior, tiene acceso a la iglesia parroquial donde se venera la Virgen Valldeflors, la patrona de Tremp y de toda la conca. El niño José crece entre la familia, la parroquia y la escuela. Un día de 1838, su madre, ya viuda, consagra a José a la Virgen. Este, a pesar de su tierna infancia, tiene una experiencia religiosa intensa que constituye el arranque de su total entrega a Dios y de su futura vocación y misión como sacerdote y como fundador.

En 1840 recibe la primera comunión, y, a los 12 años,  abandona Tremp por exigencias de su formación. Lleva en el bagaje de su personalidad una fe inquebrantable, nobleza de carácter, sentido del deber, amor al trabajo y la tenacidad propia de los montañeses.

Un sacerdote para las familias

 

José Manyanet realiza los estudios medios en el Colegio de los Escolapios de Barbastro y los Eclesiásticos en los Seminarios Diocesanos de Lleida y la Seu d’Urgell, gracias a trabajo personal y a la providencia que le llega por medio de su protector el sacerdote Valentín Lledós. El 30 de mayo de 1849 recibe el sacramento de la confirmación en la catedral de Barbastro.

El 9 de abril de 1859 el obispo de Urgell José Caixal, que lo ha acogido como familiar, lo ordena sacerdote de Cristo para la iglesia. Bajo la dirección de este prelado cultiva la espiritualidad sacerdotal con el alimento de la palabra y la Eucaristía y el ejercicio de todas las virtudes, especialmente la humildad, la obediencia y la pobreza voluntaria.

Los seis primeros años de sacerdocio los vive al servicio de la Iglesia de Urgell, tanto en la propia capital de la diócesis –en tareas del gobierno y de secretaría- de administración y acompañamiento en las visitas pastorales-, como en su villa natal de Tremp, en calidad de sacerdote beneficiado, ocupando los cargos de rigente de la parroquia, director espiritual de conventos religiosos de María Inmaculada y La Enseñanza y administrador del Santo Hospital. Se puede afirmar que las grandes instituciones religiosas y hasta cívicas de Tremp que aun hoy subsisten, en un determinado momento, encontraron a José Manyanet al hombre fuerte y al gran corazón que supo aguantar las grandes sacudidas de aquellas circunstancias difíciles.

Profeta de la familia

 

José Manyanet es el Profeta de la Familia. Movido por el espíritu ya por el siglo XIX constata que la institución familiar se está cuarteando. Su respuesta es dedicar toda la vida al apostolado en favor de la familia. Él considera que el fundamento natural de la familia es el matrimonio entre un hombre y una mujer, con la especial vocación de vivir el amor humano como reflejo del amor de Dios y así convertirse en comunidad de amor y de vida. La familia es para él la fuente de origen de todos los bienes de la sociedad, una verdadera joya para la propia sociedad y la iglesia.

Invita a los matrimonios y familias que quieran vivir en plenitud su vocación y misión, a mirarse en el espejo de la familia de Nazaret. Su empeño apostólico consiste en formar un Nazaret en cada hogar, en hacer de cada familia una Santa Familia. Escribe una guía para los patrimonios y familias titulada Preciosa Joya de Familia (1899), e impulsa movimientos y asociaciones laicas como la de Camareros y Camareras –servidores íntimos- de la Sagrada Familia (1869 y 1874), para los que escriben unos reglamentos y estatutos. Funda también la revista La Sagrada Familia (1899).


Está persuadido de que la buena nueva de la Sagrada Familia es de gran fuerza pastoral, pues resalta los valores fundamentales de la familia cristiana y, al mismo tiempo, el íntimo gozo de vivirlos intensamente de manera compartida entre los esposos, como padres y madres, y entre los hijos como hermanos. Así, “en la escuela de Nazaret cada familia aprende a ser crisol de amor, de unidad y de apertura a la vida”.

Fundador de dos familias religiosas

 

José Manyanet, muy marcado por su vida familiar, muestra una especial sensibilidad por las necesidades de los niños y de las familias. En los largos ratos de oración personal descubre en la Sagrada Familia el modelo de familia dado por Dios a la humanidad y promete consagrar su vida a llevarlo a todos los hogares. Con este propósito, en 1864, funda la Congregación de Hijos de la Sagrada Familia Jesús, María y José. El 2 de febrero de 1870 en la capilla de la primera casa de Tremp dedicada a San José, hace la primera profesión religiosa y recibe la de los primeros compañeros.

En 1874 en un modo que le fue impuesto por la obediencia, funda la Congregación de Hijas de la Sagrada Familia Jesús, María y José, hoy llamadas Misioneras Hijas de la Sagrada Familia se Nazaret. En el propio nombre de estas familias religiosas se resume la identidad de su vocación y misión: hijos/hijas en la casa de Nazaret por la llamada de Dios, testigos de su santidad de vida por la experiencia espiritual en Nazaret, y apóstoles del “Evangelio de la Familia” para las familias.

El Padre Manyanet tuvo el consejo en vida de ver aprobado por la Santa Sede el instituto masculino y sus constituciones. En la actualidad los dos institutos están presentes en varios países impulsando obras apostólicas en el campo del ministerio sacerdotal, la educación y la pastoral familiar.

Educador de los niños y jóvenes

 

El objetivo apostólico de José Manyanet, aunque va dirigido a la familia, se apoya en la educación e instrucción eminentemente católica de la niñez y de la juventud, pues está convencido de que es el medio más apto, más sencillo y práctico para reformar la familia y con ella la sociedad.

Dedica una atención principal a la “Pedagogía del Evangelio de Nazaret” –definida así por el Papa- , o a la cultura del corazón y de la inteligencia, en palabras suyas, mirando el hogar y las escuela de Nazaret, en donde Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres bajo la solicitud maternal de María y la protección de José; este es el paradigma de sus centros educativos.

Por eso sus congregaciones trabajan especialmente en la formación integral de los niños y jóvenes, en estrecha colaboración con los padres y madres de familia, para consolidar los vínculos matrimoniales, ayudar a las familias a ser una verdadera comunidad de amor y de vida, inspirar en los alumnos solidos principios cristianos y humanos y preparar las familias del mañana para que sean forjadoras de una sociedad mejor que camine hacia la “civilización del amor”.

Como el grano de trigo

 

A lo largo de su vida soporta grandes contratiempos, enfermedades físicas y personalidades morales. En 1885 sufre 3 intervenciones quirúrgicas que le dejan abiertas 5 llagas en el costado derecho para el resto de su vida. Él las llama “las misericordias del señor”.

El 17 de diciembre de 1901 muere en Barcelona, lleno de virtudes y buenas obras, pero, a medida que van pasando los años, sigue cada vez más vivo y actual. Es la paradoja de la muerte cristiana. Y la del grano de trigo que, cuando muere produce fruto en abundancia. Tuvo una existencia concreta en unos lugares determinados y un periodo de tiempo preciso y conocido. Escribió muchas cartas, libros y opúsculos para la formación de religiosos y religiosas, de las familias y de los niños; abrió numerosos centros de apostolado; peregrinó a Montserrat, Zaragoza, Lourdes, Roma y Lotero… casi no cabe más en sus 68 años de existencia.

Sin embargo, todo esto no es más importante de su vida. Todas estas iniciativas, inquietudes, enfermedades y trabajos, nacieron del deseo profundo que anidaba en su corazón de amar a Dios y a los hombres; y de esta vida no se muere sino que se sigue vivo para siempre. Fue beatificado el 25 de noviembre de 1984.

La Santidad de José Manyanet:  la plenitud de un "Santo Deseo"

José Manyanet encuentra también en la Sagrada Familia la escuela de santidad. Con Jesús, se siente un hijo más de aquella familia y aprende a crecer en la intimidad de aquel hogar, con María y José, hasta alcanzar la verdadera santidad. Con razón afirmó el Papa que la santidad de José Manyanet tiene su origen en la Sagrada Familia.

Entra en el hogar de Nazaret con un intenso y “Santo Deseo” de escuchar a Jesús, seguirle y aprender las lecciones evangélicas propuestas por Jesús al lado de María y José. Tan es este deseo que en la autobiografía espiritual  que le sirve para describir las experiencias y sentimientos más profundos que va suscitando en la visita diaria  a Nazaret. A partir de esta experiencia ya no se detiene  y vive cada  vez más pendiente de los encuentros con Jesús, maría  y José  a lo largo de la jornada. Más aun, fija su morada espiritual en Nazaret. Quiere permanecer, vivir, compartir y morir en este hogar, en esta escuela y en este templo, a la sombra de la Familia Santa de Nazaret.

Nazaret es así, para él, para sus hijos  e hijas espirituales y para las familias, un camino sencillo para cumplir  la propia vocación y misión. En Nazaret  no se dan cosas extraordinarias. Todo transcurre dentro de una vida normal, pero generosa y fiel presidida y guiada por la voluntad del Padre, que marca los ritmos de vida, de oración, de dialogo, de trabajo y descanso. La santidad de José Manyanet consiste, parafraseando al apóstol, en una vida con Cristo escondida en Dios, junto a María y José. De este modo alcanza la plenitud de su “Santo Deseo”.

Protector de la familia

La canonización de José Manyanet es un gran Don para toda la Iglesia y es una invitación, por parte del Papa, a poner nuestro corazón en Nazaret y a empeñarnos en lo urgente “Pastoral de la Familia” inspiradas en las virtudes y ejemplos de santidad revelados por Jesús en la Sagrada Familia. El nuevo santo vivió espiritualmente en Nazaret y salió de esta sublime escuela de santidad únicamente para servir y anunciar con valentía el “Evangelio de la Familia”. Su vida  y su mensaje son una llamada urgente a ser familia, a hacer un hogar del mundo y cada hogar un Nazaret.

La Iglesia lo eleva a los altares porque reconoce que, como el buen administrador del Evangelio, en toda su vida, fue fiel en lo poco y en su camino hacia la santidad, hace que las familias vivan más unidas, lleguen a ser un santuario de amor y de vida y den  un testimonio alegre de su vida familiar.